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Los ritmos circadianos

Como los ritmos de las hormonas energéticas dependen de la luz solar es obvio que para adelgazar es necesario acoplar el consumo de los alimentos a estas oscilaciones naturales. De esta forma orientaremos los nutrientes hacia su conversión en músculos y en energía a la vez que disminuiremos su conversión en grasa. De esta manera, los alimentos nos nutrirán y evitaremos la obesidad.

Los ciclos del día y la noche, del sol y la oscuridad, generan oscilaciones o ritmos hormonales en el sistema endocrino y en el sistema nervioso central. Son los llamados ritmos naturales de las hormonas o ritmos circadianos (del Latín circa = círculo y diana = día) que se repiten cada 24 o 25 horas a lo largo de nuestras vidas.

Ciclos de Los ritmos CIRCADIANOS

Nuestro organismo se acopla a estos ritmos hormonales y funciona como un sistema en dos fases:

  • La fase matutina, que se inicia con el amanecer
  • La fase nocturna, que se inicia con el ocaso del sol

EL TERCER OJO

Las señales de presencia o ausencia de luz que provienen de la retina del ojo viajan al núcleo supraquiasmático (NSQ) en la base del cerebro y llegan a la parte media y posterior del mismo, donde se ubica la glándula pineal, también llamada “el tercer ojo”.

Esta funciona como nuestro reloj biológico: se inhibe con la luz y se activa con la oscuridad, con lo que estimula la producción de la melatonina y de la serotonina durante la noche. De esta manera, informa a todo el organismo sobre cuándo amanece y cuándo anochece.

LA SEROTONINA

La secreción de serotonina se incrementa al anochecer y permanece elevada durante casi toda la noche. Se trata de un mediador antidepresivo y sedante que procura brindar felicidad, tranquilidad y sueño. Adicionalmente, frena la producción cerebral de otros mediadores estimulantes como la adrenalinadopamina y noradrenalina.

Tanto el aumento de la serotonina como la disminución de los mediadores estimulantes, contribuyen en el horario nocturno a la disminución del alerta, de la atención y de la capacidad intelectual. En pocas palabras, durante la noche, cuando se produce más serotonina, la gente se queda dormida.

Al amanecer, el incremento de la luz del día frena a la glándula pineal que disminuye su producción de serotonina, la cual reduce a lo largo del día y sufre una brusca caída al atardecer. Cuando llega la oscuridad de la noche, la serotonina reinicia su ascenso nocturno.

En las mañanas se elevan el cortisol y la adrenalina, la HGH sube en las noches, mientras que la serotonina va disminuyendo a lo largo del día. La serotonina, además de su influencia antidepresiva, también regula el apetito y los deseos de comer dulces, chocolates y harinas.

Los altos niveles de serotonina que persisten al amanecer producen un rechazo hacia el desayuno, mientras que su brusco descenso hacia la media tarde ocasiona, en este momento, sensación de tristeza así como un impulso adictivo o atracción hacia las harinas o dulces.

Las oscilaciones de este mediador son muy acentuadas en los obesos, quienes en las mañanas tienen los niveles de serotonina muy elevados – lo que les ocasiona un gran rechazo hacia el desayuno – y al atardecer se precipitan en forma muy marcada. Así se explica por qué los obesos tienen impulsos adictivos hacia las harinas, dulces y chocolates en horas de la tarde.

Con el incremento de la luz del día la serotonina va descendiendo; por otra parte, varias sustancias estimulantes como el cortisol, la adrenalina y la dopamina se elevan desde la madrugada. Estas sustancias aumentan la vigilia, el alerta, la capacidad de concentración y la habilidad para resolver problemas, que por esta causa es óptima a lo largo de la mañana. También, otorgan una serie de características intelectuales y orgánicas completamente diferentes a las que podemos encontrar en el mismo individuo durante la tarde y el anochecer.