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Meningitis eosinofílica

La meningitis eosinofílica (angiostrongiliasis cerebral) es una inflamación que afecta a las meninges, las membranas que rodean el sistema nervioso central. La enfermedad es causada por un gusano llamado Angiostrongylus cantonensis, que fue identificado por primera vez en Brasil en 2006. Ella es transmitida a los humanos por crustáceos (por ejemplo, cangrejos, camarones y el tatuzinho de jardín, que se convierte en un balón cuando se siente acuoso) y por moluscos (animales de cuerpo blando protegido, en general, por una concha).

El caracol gigante africano ( Achatina fulica ) es el vector más frecuente de este gusano. Fue introducido en Brasil por criadores de escargot interesados ​​en difundir el producto comercialmente. Como la utilización para la culinaria fracasó, los caracoles fueron sueltos en la naturaleza y se transformaron en una plaga, que prolifera en las plantaciones de frutas, huertas y en terrenos baldíos. (19459007), que se ha convertido en una de las más antiguas de la historia de la humanidad. en las heces de roedores, especialmente de las ratas, que son los hospedadores naturales de estos parásitos. Los moluscos (caracoles, caracoles, babosas, entre otros) pasan a funcionar como hospedadores intermediarios, cuando ingeren las heces contaminadas, o por penetración directa del gusano en su cuerpo.

Los humanos son huéspedes accidentales de las larvas. La infección ocurre cuando ingieren los moluscos crudos o mal cocidos o, entonces, cuando ingerimos el moco que ellos liberan para facilitar su deslizamiento. Una vez dentro del organismo humano, las larvas penetran en la circulación sanguínea del tracto digestivo, migran hacia el sistema nervioso central, se alojan en las meninges y mueren. Se inicia entonces el proceso inflamatorio de la meningitis eosinofílica. A través del torrente sanguíneo, larvas del A. cantonensis pueden migrar a los ojos, se instalan en el humor acuoso y provocan disturbios visuales.

El período de incubación dura de dos a 45 días. Los seres humanos no transmiten la enfermedad porque las larvas mueren antes de completar el ciclo vital que termina en las venas pulmonares del huésped.

Síntomas

Aunque, en la casi totalidad, la meningitis eosinofílica es una enfermedad de evolución benigna, los síntomas pueden durar de pocos días a meses. Los más prevalentes son dolor de cabeza fuerte e intermitente, fiebre alta, parestesias (sensación de hormigueo, quemazón, presión en la piel). La rigidez en la nuca, común en las meningitis provocadas por virus o bacterias, es un signo no siempre presente en la meningitis provocada por el A. en un número menor de casos, falta de coordinación motora, parálisis facial y muscular transitoria, distensión abdominal y fiebre de baja intensidad son otros síntomas posibles de la enfermedad. Por su parte, la presencia de larvas en el humor acuoso puede causar pérdida parcial o total de la visión.

El examen del líquido líquido, dentro de las meninges extraído por punción lumbar, es fundamental para el diagnóstico diferencial de las meningitis, ya sean provocadas por virus, bacterias o gusanos. La concentración de eosinófilos (células de defensa del organismo) en el líquido cefalorraquídeo es indicativa de la presencia de los parásitos responsables de la aparición de la meningitis eosinofílica.

Tratamiento

No se conoce ningún medicamento eficaz contra la meningitis eosinofílica . El objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas y evitar complicaciones y secuelas, como la deficiencia motora y la reducción o pérdida de la visión. El uso de antiinflamatorios a base de corticoides, así como el de analgésicos y antipiréticos, se ha mostrado útil en ese sentido.

Prevención

No existen vacunas contra la meningitis eosinofílica. Los niños y las personas que entran en contacto con la tierra en huertos, canteros o jardines se consideran grupos de riesgo para la enfermedad. En el momento, la única posibilidad de prevención es evitar el contacto con los vectores o con las secreciones que ellos eliminan.

Recomendaciones

Algunas medidas bastante simples pueden evitar la contaminación por A cantonensis Entre las que se destacan:

* Lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de tratar con los alimentos,

* No comer crustáceos o moluscos crudos o mal cocidos

* Lavar bien verduras, verduras y frutas antes de colocarlos en un litro de agua con una cucharada de agua sanitaria o en una solución con hipoclorito de 30 minutos

* Proteger las manos con guantes o bolsas de plástico cuando sea necesario combatir los caracoles que, por casualidad, aparezcan en casa. Antes de jugar las conchas en la basura es importante mantenerlos en una solución compuesta por una parte de agua sanitaria y tres de agua, o en una vasija con agua y bastante sal durante 24 horas.

Meningitis eosinofílica
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